El tiempo dejo de ser algo importante para mí,
desde que todo había cambiado. Después de tanta lucha, por fin era
completamente feliz, estaba completa.
Solo bastaba
con mirar mi alrededor, para darme cuenta que mi vida era mucho mejor
que un cuento de hadas, debo decir que cualquier princesa estaría envidiosa.
Muchos dicen que es imposible llegar a la
felicidad absoluta, pero debo contradecirles, porque yo no puedo sentir más que
eso… Felicidad.
Ya han pasado 3 años de aquel día, donde mi
vida cambiaba para siempre, aquel día en que morí.
-
Madre,
puedes ayudarme con esto?- mis pensamientos eran interrumpidos por Renesme.
-
Cariño,
que necesitas?- la mire al instante.
-
Puedes
arreglarme el pelo?- me pregunto con su suave vos; a pesar de tener la
apariencia de una chica de unos 17 años, aun conservaba esa inocencia de una
niña, en su voz y en su dulzura, pero aun así, su mentalidad acompañaba
perfectamente.
-
Enserio
quieres que sea yo quien lo haga?, no prefieres pedírselo a una de tus tías? Se
que ellas harán maravillas…- le conteste mientras acariciaba su pelo.
Fue cuestión de segundos, cuando Alice, apareció delante nuestro danzando en forma de
círculo.
-
Dame
eso, niña… Yo te dejare muchos mas linda de los que eres… Y TU!, vamos cuando
vas a cambiarte?, ya te eh dejado todo en tu casa o piensas que te cambiare
toda la vida?.- dijo Alice con vos entusiasmada.
-
Vale,
me voy pero cuando termine a Renesme así se va a cambiar.- Conteste con una
risa.
-
No,
déjamela aquí con migo, que le eh comprado unos vestidos para que se pruebe,
asique ve tranquila, Edward ya casi estará listo en unos segundos…- Respondió
con un giño.
-
Oh,
claro… Em. bueno, nos vemos en un rato.- Si mis mejillas podrían sonrojarse, lo
harían. Pero no fue necesario ya que las de Renesme ya lo habían hecho.
-
Vamos
tía, supongo que no serán dos vestidos asique, vale dejemos que mi madre valla
a arreglarse. – Contesto renesme resplandor, sabía que cuando Alice salía de
compras, no bastaba un camión de carga pesada para trasladar toda las cosas. –
Vamos, anda -.
No podía dejar de mirarlas cuando se alejaba,
no parecían caminar, sus pies rozaban tan suavemente el suelo, que parecía que
flotaban a los compas de unas campanas que yo sola parecía escuchar, detrás
dejaban un aroma a rozas y caramelo, que te penetraba por los poros y era capaz
de paralizar a cualquier mortal.
Atravesé la puerta y me largue a correr hacia
el bosque en dirección de mi casa. Ese pequeño pero acogedora cabaña, donde
pasaba mis días con Renesme y Edward.
Mi mientras corría no podía dejar de pensar en
él; mis pies aceleraron con más velocidad, pero a unos metros de llegar,
recordé que no había cazado en todo el día y que no podría hacerlo durante la
fiesta de esta noche, asique corrí unos kilómetros, más al norte. De allí podía
oler, el aroma de un venado.
Di un paso hacia atrás, en cuestión de
segundos, mis colmillos ya estaban apretando su cuello; con unas de mis manos
le agarre un cuerno, con la otra una pata y lo golpe su cabeza contra una roca,
para que muriera rápido y evitarle todo el dolor que iba a sentir.
Al terminar, limpie mis labios con el dorso de
mi mano y me incorpore inmediatamente, mire el reloj y volví a tomar carrera
hacia mi casa.
En cuestión de minutos ya estaba, en la
puerta… la abrí y ahí estaba el, parado junto al fuego, se dio vuelta y en un
instante una brisa recorrió mi espalda y su voz roso mi oído.
-
Iré
a alistar la bañera, Vienes?- Dijo con una sonrisa y en cuestión de segundos ya
estábamos sumergidos en nuestro mundo.
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